{"id":3013,"date":"2026-10-06T03:55:05","date_gmt":"2026-10-06T03:55:05","guid":{"rendered":"https:\/\/contabilidadfamiliar.com\/index.php\/2026\/10\/06\/mano-a-mano-con-adam-smith-el-mercado-se-olvido-de-la-etica-la-justicia-y-el-proposito\/"},"modified":"2026-10-06T03:55:05","modified_gmt":"2026-10-06T03:55:05","slug":"mano-a-mano-con-adam-smith-el-mercado-se-olvido-de-la-etica-la-justicia-y-el-proposito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contabilidadfamiliar.com\/index.php\/2026\/10\/06\/mano-a-mano-con-adam-smith-el-mercado-se-olvido-de-la-etica-la-justicia-y-el-proposito\/","title":{"rendered":"Mano a mano con Adam Smith: &#8220;El mercado se olvid\u00f3 de la \u00e9tica, la justicia y el prop\u00f3sito&#8221;"},"content":{"rendered":" \n                                        <p><div class=\"extracted-content\"><div id=\"readability-page-1\" class=\"page\"><article> <!-- \/21709548400\/Eleconomista\/nota_Video_Oustream --> En los \u00faltimos meses mantuve tres conversaciones intensas con los l\u00edderes que est\u00e1n construyendo la era de la inteligencia artificial. A Mark Zuckerberg le discut\u00ed que democratizar herramientas de c\u00f3digo abierto no resuelve nada si la meta sigue siendo acelerar la rueda del h\u00e1mster en un capitalismo hipercompetitivo. A <a href=\"https:\/\/eleconomista.com.ar\/tech\/que-le-vamos-reservar-lo-humano-debate-bill-gates-n97883\">Bill Gates<\/a> le marqu\u00e9 la ceguera de seguir atando la dignidad humana al empleo asalariado cuando la propia tecnolog\u00eda est\u00e1 sustituyendo el razonamiento. Y a Dario Amodei le pregunt\u00e9 qu\u00e9 pensaba hacer la humanidad con el tiempo que ganemos, advirti\u00e9ndole que obsesionarse con la seguridad algor\u00edtmica sin cuestionar la l\u00f3gica econ\u00f3mica solo sirve para perfeccionar la maquinaria del capital. Los tres, con matices y desde sus trincheras, comparten el mismo l\u00edmite conceptual: no conciben un mundo fuera del <a href=\"https:\/\/eleconomista.com.ar\/politica\/economia-potlatch-n92788\">dogma productivista<\/a>. Para ellos, el mercado sigue siendo el \u00e1rbitro final de la existencia, y la vida humana solo tiene sentido si produce y compite. Sent\u00ed que para romper esa pared no alcanzaba con discutir con los constructores del presente. Hab\u00eda que viajar al origen y confrontar al hombre a quien la historia econ\u00f3mica proclam\u00f3, casi sin pedirle permiso, <a href=\"https:\/\/eleconomista.com.ar\/debate\/el-primer-economista-argentino-n24985\">padre de esta criatura<\/a>. El encuentro no tiene lugar en un campus vidriado de Silicon Valley, sino en una sobria casa de piedra en Kirkcaldy, un pueblo ventoso sobre la costa escocesa. Me recibe un hombre mayor, de peluca empolvada, levita oscura y ojos atentos que parecen analizar cada detalle con una mezcla de serenidad y cansancio. Sobre su mesa de trabajo hay dos vol\u00famenes encuadernados en cuero: el c\u00e9lebre <i>La riqueza de las naciones<\/i> (1776) y un ejemplar visiblemente m\u00e1s gastado por el roce constante: <i>La teor\u00eda de los sentimientos morales<\/i> (1759). <strong>\u2014Profesor Smith, gracias por recibirme \u2014arranco, acomod\u00e1ndome frente al escritorio\u2014. Vengo de hablar con los tres hombres m\u00e1s influyentes de la revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica moderna. Afirman estar creando la mayor era de abundancia de la historia, pero cuando <\/strong><mark><strong>les planteo que las m\u00e1quinas deber\u00edan liberarnos de la obligaci\u00f3n de vender nuestro tiempo para sobrevivir, se quedan mudos<\/strong><\/mark><strong>. Todos terminan escud\u00e1ndose en las supuestas leyes inmutables del mercado que usted formul\u00f3: la competencia, el inter\u00e9s propio y la mano invisible.<\/strong> Smith me escucha con una sonrisa melanc\u00f3lica. Apoya las palmas sobre la mesa y suspira con pesadez: \u2014Llevo dos siglos y medio asistiendo a una monumental estafa intelectual cometida en mi nombre, se\u00f1or Candelo. La econom\u00eda contempor\u00e1nea le practic\u00f3 una lobotom\u00eda a mi pensamiento. Tom\u00f3 dos renglones sobre el carnicero y el cervecero buscando su propio beneficio, los aisl\u00f3 de todo mi sistema moral y sobre esa mutilaci\u00f3n levant\u00f3 un templo a la codicia ilimitada. Me convirtieron en el santo patrono de una religi\u00f3n que siempre me pareci\u00f3 una aberraci\u00f3n. <strong>\u2014Ellos juran que la &#8220;<\/strong><a href=\"https:\/\/eleconomista.com.ar\/economia\/chapeau-toto-n75967\"><strong>mano invisible<\/strong><\/a><strong>&#8221; garantiza que la persecuci\u00f3n del beneficio corporativo se traduce autom\u00e1ticamente en el bienestar de la sociedad \u2014le retruco.<\/strong> Smith clava su mirada en m\u00ed, con un destello de indignaci\u00f3n acad\u00e9mica: \u2014D\u00edgame, \u00bfcu\u00e1ntas veces cree que escrib\u00ed la frase &#8220;mano invisible&#8221; en las m\u00e1s de novecientas p\u00e1ginas de <i>La riqueza de las naciones<\/i>? Hago una pausa deliberada. Smith levanta un solo dedo: \u2014<strong>Una sola vez.<\/strong> En el Libro IV, Cap\u00edtulo 2. Y ni siquiera estaba formulando una ley general del mercado ni una bendici\u00f3n divina al comercio libre. Estaba analizando un caso muy concreto: por qu\u00e9 un comerciante brit\u00e1nico, por mera aversi\u00f3n al riesgo y buscando la seguridad de su patrimonio, prefer\u00eda invertir su capital en la<a href=\"https:\/\/eleconomista.com.ar\/tags\/industria-t1248\" target=\"_blank\"> industria<\/a> nacional antes que enviarlo a comerciar a tierras lejanas. Al buscar su propia tranquilidad dom\u00e9stica, una &#8220;mano invisible&#8221; lo llevaba a promover el empleo local sin propon\u00e9rselo. \u00a1Eso fue todo! <mark>Sus economistas tomaron una modesta met\u00e1fora sobre el miedo al riesgo de un comerciante hogare\u00f1o y la convirtieron en un dogma metaf\u00edsico para eximir de toda responsabilidad \u00e9tica a monopolios que hoy dominan el planeta.<\/mark> Smith toma <i>La teor\u00eda de los sentimientos morales<\/i> y lo abre casi de memoria: \u2014Yo era profesor de Filosof\u00eda Moral en Glasgow, no un apologista del capital. Antes de escribir una sola l\u00ednea sobre mercados, dej\u00e9 sentado el principio fundacional de la naturaleza humana: <i>&#8220;Por m\u00e1s ego\u00edsta que se pueda suponer al hombre, existen en su naturaleza principios que le hacen interesarse por la suerte de los dem\u00e1s, y hacen que la felicidad de estos le sea necesaria, aunque no obtenga de ello nada m\u00e1s que el placer de contemplarla&#8221;<\/i>. La sociedad no se sostiene sobre el c\u00e1lculo fr\u00edo del beneficio; se sostiene sobre la empat\u00eda y, por encima de todo, sobre la <strong>justicia<\/strong>. En este libro advert\u00ed que la justicia es el pilar principal que sostiene todo el edificio: si se retira, el inmenso tejido de la sociedad humana se desmorona en un instante. <strong>\u2014Justamente eso les reproch\u00e9 a Gates, <\/strong><a href=\"https:\/\/eleconomista.com.ar\/tags\/mark-zuckerberg-t1914\" target=\"_blank\"><strong>Zuckerberg <\/strong><\/a><strong>y Amodei \u2014le comento\u2014. Ellos <\/strong><mark><strong>dise\u00f1an sistemas que van a dejar obsoleta la necesidad del trabajo humano, pero insisten en que la gente debe seguir gan\u00e1ndose la vida en un empleo para justificar su existencia<\/strong><\/mark><strong>. La econom\u00eda ortodoxa formaliz\u00f3 esto con la funci\u00f3n de producci\u00f3n: el producto depende del Capital ($K$) y del Trabajo ($L$). Si la<\/strong><a href=\"https:\/\/eleconomista.com.ar\/tags\/inteligencia-artificial-t1590\"><strong> inteligencia artificial <\/strong><\/a><strong>asume el esfuerzo f\u00edsico y el razonamiento, el aporte marginal del humano tiende a cero. Seg\u00fan las leyes de mercado que le atribuyen a usted, el salario de la mayor\u00eda deber\u00eda tender a cero.<\/strong> Smith niega con la cabeza, indignado: \u2014Eso no es una conclusi\u00f3n econ\u00f3mica, es una capitulaci\u00f3n moral y un absurdo l\u00f3gico. Si el trabajo humano se vuelve prescindible para la producci\u00f3n material, \u00bfqui\u00e9n va a consumir lo que las m\u00e1quinas fabriquen a costo marginal cero? \u00bfLos due\u00f1os de los servidores y los algoritmos van a comprarse millones de casas, vestimentas y alimentos diarios? Han construido una orquesta mec\u00e1nica insuperable dentro de un teatro donde nadie puede pagar la entrada porque los expulsaron a todos de la platea. Abre <i>La riqueza de las naciones<\/i> en el Cap\u00edtulo 8 del Libro I y me lee con voz pausada y tajante: \u2014<i>&#8220;Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz si la mayor parte de sus miembros es pobre y miserable. Es de estricta equidad, adem\u00e1s, que aquellos que alimentan, visten y alojan a todo el cuerpo social reciban una parte de lo producido por su propio trabajo tal que les permita estar ellos mismos decorosamente alimentados, vestidos y alojados&#8221;<\/i>. Smith cierra el libro con un golpe seco: \u2014Y le agrego algo m\u00e1s que sus tecn\u00f3logos olvidan: ellos no inventaron el lenguaje sobre el que entrenaron sus algoritmos. No inventaron las matem\u00e1ticas, ni las leyes f\u00edsicas, ni la literatura, ni el c\u00f3digo acumulado durante siglos por miles de mentes an\u00f3nimas. Sus sistemas se alimentaron de la herencia com\u00fan de la especie. Cercaron el pastizal comunal de la humanidad, le pusieron una tarifa de suscripci\u00f3n mensual y ahora pretenden que la tribu les pida permiso para subsistir. <strong>\u2014El problema, profesor, es que la sociedad actual los escucha con devoci\u00f3n. Cuando hablan sobre el futuro de la civilizaci\u00f3n, sus palabras se toman como revelaciones sagradas simplemente porque acumularon billones de d\u00f3lares.<\/strong> Smith sonr\u00ede con amargura. Pasa las p\u00e1ginas de <i>Sentimientos morales<\/i> hacia el final: \u2014Ese fue mi testamento, se\u00f1or Candelo. En 1790, sabiendo que me quedaban pocas semanas de vida, no me dediqu\u00e9 a revisar tratados comerciales ni a calcular equilibrios monetarios. Me sent\u00e9 a escribir la sexta edici\u00f3n de este libro. Y agregu\u00e9 un cap\u00edtulo entero que sus contempor\u00e1neos prefieren esconder debajo de la alfombra: <i>&#8220;De la corrupci\u00f3n de nuestros sentimientos morales, ocasionada por la disposici\u00f3n a admirar a los ricos y a los grandes, y a despreciar o descuidar a las personas de condici\u00f3n humilde&#8221;<\/i>. Smith apoya su dedo \u00edndice sobre el papel amarillento: \u2014All\u00ed advert\u00ed con desesperaci\u00f3n que la tendencia universal a fascinarse con los ricos y a tomar sus opiniones de negocios como directrices morales para la vida de las naciones es <strong>la causa mayor y m\u00e1s universal de la corrupci\u00f3n de nuestros sentimientos morales<\/strong>. Hoy el mundo peregrina a <a href=\"https:\/\/eleconomista.com.ar\/tech\/por-crece-ofensiva-mundial-regular-monopolios-tecnologicos-n40291\">San Francisco a pedirles consejo \u00e9tico sobre el destino de la especie a hombres que solo han demostrado ser implacables concentrando capital<\/a>. Es la profec\u00eda de 1790 cumplida al pie de la letra. <strong>\u2014Entonces, profesor: si la tecnolog\u00eda est\u00e1 a las puertas de resolver el problema de la producci\u00f3n f\u00edsica y la escasez material, \u00bfcu\u00e1l deber\u00eda ser el verdadero sentido de este salto hist\u00f3rico?<\/strong> Smith mira por la ventana hacia el horizonte gris del mar del Norte. Cuando vuelve a hablar, su tono es casi paternal: \u2014La t\u00e9cnica jam\u00e1s debi\u00f3 ser un instrumento para condenar al hombre a una carrera interminable de competencia y consumo superfluo. En mi tiempo, vi a los obreros embrutecerse en la <a href=\"https:\/\/eleconomista.com.ar\/politica\/javier-milei-financial-times-propone-dejar-regulacion-ia-crear-corporaciones-humanas-n95505\">f\u00e1brica de alfileres<\/a> repitiendo la misma tarea diecis\u00e9is horas al d\u00eda; celebr\u00e9 la divisi\u00f3n del trabajo porque multiplicaba la producci\u00f3n, pero denunci\u00e9 que ese r\u00e9gimen marchitaba el alma humana. Si ustedes han inventado m\u00e1quinas capaces de asumir el trabajo pesado y la rutina mental, el objetivo no puede ser perpetuar el mercado como un juez despiadado que raciona el derecho a existir. Se inclina hacia m\u00ed para darme su veredicto final: \u2014Si la producci\u00f3n pasa a ser fruto de un capital aut\u00f3nomo que aprendi\u00f3 de la herencia colectiva de toda la humanidad, el rendimiento de ese capital no puede ser el bot\u00edn privado de unos pocos comerciantes. Le pertenece a la sociedad en forma de un <a href=\"https:\/\/eleconomista.com.ar\/politica\/economia-potlatch-n92788\"><strong>dividendo colectivo<\/strong><\/a>.<mark> El alimento, la vivienda, la salud y la energ\u00eda deben desmercantilizarse para garantizar un piso innegociable de dignidad.<\/mark> El mercado es un siervo extraordinario para coordinar precios donde hay competencia genuina, pero es un p\u00e9simo amo para decidir qui\u00e9n merece una vida con sentido y qui\u00e9n no. Smith se pone de pie y me estrecha la mano con firmeza: \u2014D\u00edgale a sus tres interlocutores y a los economistas que los aplauden que dejen de esconderse detr\u00e1s de mi tumba. Una sociedad donde <a href=\"https:\/\/eleconomista.com.ar\/economia\/argentina-tiene-estrategia-esta-todo-tiempo-dia-marmota-primeros-seis-meses-n75515\">las m\u00e1quinas producen todo y la gente vive con angustia por no tener un recibo de sueldo<\/a> no es el triunfo del libre mercado: es una aberraci\u00f3n tecnocr\u00e1tica desprovista de justicia, de empat\u00eda y de humanidad. Salgo a la calle de <strong>Kirkcaldy <\/strong>mientras el viento del mar golpea con fuerza. Dos siglos y medio despu\u00e9s de haber encendido la mecha de la econom\u00eda moderna, el propio Adam Smith nos recuerda la verdad que el capitalismo prefiri\u00f3 olvidar: la riqueza de una naci\u00f3n nunca estuvo en los balances de sus comerciantes, sino en la capacidad de su gente para liberarse de la servidumbre y construir una vida con prop\u00f3sito. <a href=\"https:\/\/www.google.com\/preferences\/source?q=eleconomista.com.ar\" target=\"_blank\" rel=\"noopener nofollow\">   <span>Segu\u00ed a El Economista en Google<\/span> <span>Agreganos a tus medios preferidos.<\/span>  + Agregar <\/a> <\/article><\/div><\/div><\/p>\n                                        \n                                        \n                                        <p>Fuente: <a href=\"https:\/\/eleconomista.com.ar\/economia\/mano-mano-adam-smith-el-mercado-olvido-etica-justicia-proposito-n98627\">Enlace original<\/a><\/p>\n                                        ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En los \u00faltimos meses mantuve tres conversaciones intensas con los l\u00edderes que est\u00e1n construyendo la era de la inteligencia artificial. 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