Caputo descartó devaluar, pero le puso precio al dólar
La cuenta que el ministro no hizo
Con el mayorista en torno a $1.550, el “dólar equivalente” de $2.100 implica una brecha de alrededor del 35%. El techo de la banda cambiaria, ajustado por la inflación de septiembre (1,93%), habilitaría este mes un valor cercano a $1.989; el mercado opera unos 22 puntos por debajo, en lo que algunos analistas llaman “la banda dentro de la banda”. Leída así, el precio que el ministro le puso al dólar es un reconocimiento implícito: la producción local carga con una desventaja de competitividad de aproximadamente un tercio. La propuesta no es corregirla por precio, sino compensarla con una baja del costo del crédito que, por ahora, no se verificó. Las tasas que enfrentan las pymes, frente a una tasa de mercado del 23% al 25% y una inflación mensual que anualizada ronda el 26%, son tasas reales que ningún proyecto productivo de mediano plazo puede afrontar. El diagnóstico sobre el costo financiero es correcto. La conclusión de que vuelve irrelevante al tipo de cambio, no.Lo que dicen las fábricas
El mismo día, la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA) publicó su informe de octubre. Se produjeron 40.426 vehículos, un 14,4% menos que un año atrás. En el acumulado de enero a octubre la producción totalizó 360.444 unidades, un 15,5% menos, unas 66.000 menos que en igual período de 2025. Las ventas a concesionarios cayeron 12,2% interanual en octubre y 23,2% en el acumulado, unas 116.000 unidades menos. Las exportaciones, en cambio, sumaron 230.865 unidades entre enero y octubre, apenas 0,6% más que el año anterior. El sector exporta casi dos de cada tres vehículos que fabrica y, aun así, produce un 15% menos. El frente externo se sostiene; el interno se contrae. El problema no es una sola variable: confluyen el costo del financiamiento, la debilidad de la demanda doméstica y el precio relativo de producir en la Argentina.Un superávit que también habla
Diego Coatz, ex director ejecutivo de la UIA, aportó un dato que merece atención: un tercio del superávit fiscal del año se explica por el desplome de las cantidades importadas. Una economía que compra menos insumos y bienes de capital es una economía que produce e invierte menos. Si las cuentas mejoran por esa vía, el equilibrio refleja debilidad antes que eficiencia.Un diagnóstico correcto, una receta incompleta
Caputo sostiene que no falta liquidez sino confianza: los ahorristas no colocan sus pesos a más de 30 días y los bancos no pueden prestar a plazos largos. Ese descalce existe y explica buena parte del costo del crédito. Pero no se corrige solo. Requiere instrumentos de fondeo de largo plazo, mecanismos de cobertura y una banca que financie inversión productiva. Esperar que el riesgo país, que acaba de dar un salto, ceda por sí mismo es confiar la solución a la variable que hoy más empuja en contra.Una película conocida
Entre 2000 y 2001, Domingo Cavallo impulsó los Planes de Competitividad: acuerdos sectoriales con reducciones impositivas y de costos laborales, arancel cero para bienes de capital e insumos, y hasta un tipo de cambio especial para importar. Eran parches para compensar un peso sobrevaluado sin reconocerlo. La diferencia actual es relevante: hoy existe superávit fiscal y el esquema no depende del financiamiento externo para sostenerse. Pero la lógica de compensar el precio relativo por otras vías es la misma.La competitividad que se compra y la que se construye
El economista chileno Fernando Fajnzylber distinguía entre competitividad espuria y auténtica. La primera se obtiene con salarios bajos, ajustes o alivios transitorios; la segunda, con productividad, escala, incorporación tecnológica e inversión. Michael Porter llegó a una conclusión convergente: a escala nacional, la competitividad es esencialmente productividad. Y Dani Rodrik mostró que un tipo de cambio real competitivo y estable es una de las pocas variables que acompaña de manera sistemática los despegues de crecimiento. Ninguno de los tres planteó elegir entre crédito y tipo de cambio: ambos forman parte de la misma ecuación.Tasa, tipo de cambio y producción
La salida no pasa por optar entre “tasa o dólar”, sino por combinarlos con una agenda productiva: crédito de largo plazo en pesos con fondeo a plazo; un tipo de cambio real competitivo y previsible; una agenda sectorial público-privada con metas de exportación y contenido local, en la que medidas como la compensación de saldos a favor con deudas aduaneras, celebrada por ADEFA, alivian la caja pero no reemplazan una mejora estructural; y la recuperación del mercado interno, sin el cual no hay escala. El ministro tiene razón en un punto: una devaluación sin programa empobrece al asalariado. Pero al ponerle precio al dólar dejó planteada la pregunta que su discurso intenta evitar. Si la producción necesita un tipo de cambio de $2.100 para competir, sostenerlo un 35% más abajo también tiene un costo. No llega de golpe: llega en cuotas, con cada línea de producción que se apaga. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + AgregarFuente: Enlace original
