Inteligencia artificial y seguros: el fin de la cobertura tradicional
- El primero es subir mucho el precio, el segundo es limitar lo que pagan. En este momento hacen ambas cosas a la vez. Por un lado, las pólizas de riesgo digital crecen en precio y complejidad. Por otro lado, aparecen límites internos dentro de las coberturas que reducen lo que efectivamente se paga en ciertos casos.
- La segunda cuestión es más profunda, y está en la dificultad para definir el evento. En un mundo sin IA, un ataque informático era relativamente claro para un virus, un robo de datos o un sistema caído. Hoy un problema surge de una decisión automatizada, un modelo generando información incorrecta, un fraude basado en identidad falsa o del uso indebido de recursos. Todo eso se mezcla. Entonces aparece una pregunta clave: ¿qué tipo de daño es ese? ¿Es un fallo tecnológico, un error humano, un delito o una falla del sistema de IA?
¿Intervendrá el Estado?
Hay antecedentes, porque cuando el riesgo es demasiado grande o demasiado incierto para el mercado privado, el Estado aparece. Ya pasó con el terrorismo, con ciertos desastres naturales y con crisis financieras. En el caso del riesgo digital, ya hay discusiones sobre esquemas de respaldo estatal para eventos extremos, porque una gran falla tecnológica o un ataque masivo generará pérdidas por encima de la capacidad del sistema asegurador. Sin embargo, si el Estado entra complica el problema. Primero, porque introduce regulación lo que implica definir qué es IA, qué riesgos cubre y qué responsabilidades existen. Ese proceso suele ser lento frente a una tecnología que cambia rápido. Segundo, porque impone obligaciones de cobertura o límites a las exclusiones, lo que reduce la flexibilidad de las aseguradoras para gestionar el riesgo. Tercero, porque lleva a la dependencia, es decir, si las aseguradoras saben que el Estado cubrirá los eventos extremos, asumen más riesgo del que deberían. Al mismo tiempo, la regulación también empuja la aparición de seguros específicos para cumplimiento normativo. A medida que los gobiernos exigen controles sobre el uso de IA, las empresas necesitan protección frente a multas, sanciones y errores regulatorios. Eso abre un nuevo mercado, distinto del riesgo técnico puro. El resultado final es un sistema en transición. El seguro de IA no es todavía un producto definido, sino un conjunto de ajustes defensivos que buscan ganar tiempo. Entre tanto, se limitan pagos, se segmenta el riesgo, se desarrollan coberturas nuevas y se experimenta con modelos dinámicos de evaluación. Sin embargo, el problema de fondo sigue sin resolverse porque el sector necesita estabilidad estadística. La IA introduce inestabilidad estructural y mientras esa tensión no se resuelva, el sistema se moverá en una única dirección con menos cobertura implícita, más respaldo específico, más complejidad contractual y mayor intervención externa cuando el riesgo supere la capacidad del mercado. Las cosas como son. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + AgregarFuente: Enlace original
