Mientras la pobreza sube, ¿qué está pasando con la ayuda social?
Sectores a la intemperie
Las variaciones, tanto en los montos como en los alcances de la ayuda social, registradas en los últimos tres años vienen disparando múltiples efectos. Por un lado, el incremento del valor real de la AUH, sumado a la ampliación del límite de beneficiarios de la Tarjeta Alimentar de los 14 a los 17 años y al aumento de las partidas destinadas al Plan de los 1.000 Días, mantuvo la asistencia brindada a los hogares con niños. No obstante, la concentración de la ayuda social en la AUH, un beneficio que perciben solo los trabajadores no registrados, personal doméstico y monotributistas sociales, viene excluyendo a otros sectores sociales con necesidades crecientes. Por caso, esa asignación no llega a los trabajadores formales, un segmento en el que ya el 20% percibe ingresos por debajo de la línea de la pobreza. “Ese sector quedó completamente a la intemperie en término de prestaciones porque el gobierno prácticamente licuó las asignaciones familiares”, dijo Poy. “Eso da como resultado que un trabajador formal que gana $ 1.600.000 -un salario que está en la línea de pobreza para un hogar de cuatro miembros- esté cobrando por asignaciones familiares unos $ 60.000, mientras un informal pobre esté cobrando más de $ 400.000 por transferencias todos los meses; quizás el gobierno tenía la hipótesis de que los salarios formales iban a recuperarse, pero eso no está ocurriendo y, de hecho, el programa económico funciona con la lógica de un ancla salarial”, añadió. El problema se produce además en un mercado laboral donde el empleo formal viene cayendo desde hace más de un año y la informalidad alcanzó al 44,2% de los trabajadores. Otro de los segmentos claramente afectados por el cambio en el foco de la política social es el que está conformado por los hogares con jóvenes de 18 a 24 años. El gobierno recortó drásticamente los alcances del plan Progresar, una beca destinada a acompañar a los jóvenes en la finalización de sus estudios y formación profesional. Además de que los montos se mantienen estancados en $ 35.000 desde el comienzo del gobierno libertario, también en esta gestión se redujo el número de beneficiaros a la mitad. Con ese tijeretazo, cerca de 900.000 personas dejaron de percibir ese beneficio. En paralelo, el gobierno eliminó el programa Potenciar Trabajo, que apuntaba principalmente a trabajadores no registrados, monotributistas sociales, personas mayores de 50 años y mujeres con cuatro hijos o más, y lo dividió en otros dos: Volver al Trabajo y Acompañamiento Social. El primero terminó siendo discontinuado y dejó a mediados de este año sin el pago mensual a más de 900.000 beneficiarios. En tanto, el Programa de Acompañamiento Social (PAS) sigue vigente y alcanza a cerca de 300.000 personas, pero el beneficio de $ 78.000 no ha tenido ningún ajuste desde noviembre de 2023. El cambio de foco de la ayuda social deriva en dos realidades contrapuestas: mientras entre el cuarto trimestre de 2023 y el mismo período de 2025 la cobertura con ayuda social directa y urgente de los hogares con niños y adolescentes de hasta 17 años se mantuvo relativamente estable (pasó del 43,7% al 38,6%), la de hogares sin menores y con jóvenes de 18 a 24 años se desplomó de 33,3% a 16,9%, según el CIAS.Recortes a destiempo
En un contexto en que la desaceleración de la inflación ya parece haber entregado todo lo que podía dar en términos de disminución de los niveles de pobreza, la reducción tanto de la inversión social como del número de hogares con alguna cobertura parece adquirir una dimensión distinta a la de los dos primeros años del gobierno libertario. Si bien la baja de la inflación y el foco puesto en la infancia permitió, en una primera etapa, amortiguar los efectos sociales del severo ajuste fiscal y monetario, ese sesgo tan marcado de la política social parece volverse insuficiente ahora, en medio de un mercado laboral estancado y niveles de inflación que se resisten a seguir cayendo. “La menor cobertura en los hogares con jóvenes es un problema central: en los barrios, muchos jóvenes se están cayendo de la escuela, en muchos casos están inscriptos formalmente pero no van y son barrios donde no hay muchas oportunidades de trabajo formal”, dijo Schipani. “Entonces, una herramienta clave para sacarlos de esa situación es la escuela, pero si se paga por el Progresar $ 35.000 por mes, muy difícilmente se ayude a esos jóvenes a estudiar, y esa ayuda es fundamental: 6 de cada 10 jóvenes no terminan el secundario porque tienen que cuidar de sus hermanitos menores o salir a trabajar, según una encuesta que hizo el CIAS”, agregó. La insuficiencia de la ayuda social hacia los hogares con jóvenes no solo está derivando en un incremento de la intermitencia escolar, sino que reduce drásticamente las oportunidades para que estos jóvenes puedan estudiar una tecnicatura, una carrera terciaria o ir a la universidad, herramientas claves para que puedan insertarse con mejores condiciones a un mercado de trabajo cada vez más hostil. Hacia adelante, nada indica que esos baches de la ayuda social vayan a ser cubiertos. De hecho, hay riesgos de que se desanden algunos de los pasos dados en la cobertura a los hogares con niños. El artículo 17 del proyecto de Presupuesto presentado por el gobierno abre la puerta para derogar la actualización automática por inflación de las asignaciones familiares, incluida la AUH. La propuesta no incluye un nuevo método de actualización, por lo que la decisión quedaría en manos del gobierno. “El tema no pasa tanto por los alcances de la cobertura, sino por que se mantengan los niveles de ingresos: si la AUH pierde poder adquisitivo y la Tarjeta Alimentar se licúa, eso va a aumentar la pobreza”, dijo Poy. “En todo caso, lo que más va a determinar que la pobreza suba o baje en los próximos semestres son los shocks de precios -no hay que descartarlos en un escenario que se está poniendo muy volátil- y los salarios; si no se encuentra una ecuación en que la economía y los salarios -los de más abajo, no únicamente los del personal calificado- crezcan, van a continuar estos altos niveles de pobreza, que ya son un piso desde la crisis de 2018“. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + AgregarFuente: Enlace original
