El cambio del perfil productivo y laboral desde la crisis del 2018
¿Cómo le pegó este cambio de perfil productivo al perfil laboral?
Entre el 1° trimestre del 2018 y el 1° trimestre del 2026, los ocupados urbanos pasaron de 16,8 a 19,3 millones de personas, o sea, hay 2,5 millones de personas más trabajando en las ciudades. La pregunta es en dónde se insertaron si la economía de las ciudades se achicó. Los asalariados en blanco en empresas privadas se redujeron en 100.000 personas. El empleo público aumentó en 200.000. Los monotributistas registrados aumentaron en 400.000. Los asalariados en negro en empresas privadas crecieron en otros 400.000. Hasta aquí, suman 1 millones de nuevos trabajadores. Bueno, dónde más se insertaron los nuevos trabajadores es como cuentapropista informal, o sea, laburan por su cuenta pero ni siquiera en el Monotributo se registran. Este modalidad de empleo creció en 1,5 millones de personas. Aquí es donde se ve el achicamiento de la economía urbana. Crece las fuerza laboral pero no crecen los empleadores, entonces, hay una masa creciente de gente que se autoemplea en trabajos de subsistencia. Un dato no menor es que entre el 2018 y el 2026 los desempleados no aumentaron. Se mantuvieron en 1,6 millones. El desempleo no aumentó porque lo que aumentó es la gente que se autoemplea.La trampa de la baja productividad
Una economía re-primarizada con una fuerza laboral que crece para autoemplearse es una economía de baja productividad. Solo los pocos trabajadores del enclave primario tienen alta productividad y, por lo tanto, altos salarios reales. La masa urbana queda entrampada en el autoempleo de baja productividad con empleos precarios y bajos salarios. Es urgente revivir las inversiones productivas en las ciudades. Ello requiere normalizar el mercado de cambio (eliminar el cepo para siempre), normalizar el mercado monetario (darle curso legal al dólar para que baje la tasa de interés), unificar los impuestos nacionales, provinciales y municipales (crear el Super IVA que absorba Ingresos Brutos y tasas municipales) y avanzar decididamente con los acuerdos laborales por empresa dejando de lado los convenios colectivos por rama y/o actividad (como dice la reforma laboral). El camino para sacar de la decadencia a las ciudades es claro. Pero hay que salir de la desidia creyendo que con el campo, Vaca Muerta y las millonarias inversiones mineras nos salvamos. El bienestar de la gente está en las ciudades no en el campo ni en las montañas. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + AgregarFuente: Enlace original
