India: una oportunidad estratégica para Argentina, pero no a cualquier precio
- De hecho, en 2025 importó bienes por más de US$ 752.000 millones, convirtiéndose en el octavo importador mundial, y su apetito por alimentos, aceites vegetales, energía, minerales y productos químicos parece casar a la perfección con las ventajas naturales de la Argentina.
Argentina ya tiene acceso de facto a India, pero lo que todavía no tiene es una oferta exportable suficientemente diversificada para capturar una porción mayor de ese gigantesco pastel.Dicho esto, tampoco debemos minimizar el impacto potencial que un TLC tendría sobre el tejido industrial interno, y aquí es donde el “precio” del acuerdo se vuelve más delicado. India no es solamente un gran comprador; es también una potencia manufacturera emergente con una escala productiva enorme, costos competitivos y una política industrial activa que podría inundar sectores argentinos como textiles, indumentaria, calzado, productos químicos y ciertos segmentos metalmecánicos y autopartistas. Por lo que la negociación debería contemplar listas de exclusión, cronogramas de desgravación extensos de entre diez y quince años, o incluso cupos de acceso en lugar de desgravación total para los bienes sensibles. Por otra parte, la experiencia internacional demuestra que los acuerdos comerciales generan ganadores y perdedores, y que las actividades exportadoras suelen capturar los beneficios rápidamente mientras que los sectores orientados al mercado interno enfrentan procesos de adaptación más complejos. Por eso, si Argentina decidiera avanzar, debería hacerlo bajo condiciones mínimas que incluyan reglas de origen estrictas para evitar que productos de terceros países utilicen a India como plataforma de acceso preferencial, así como cláusulas de salvaguarda que permitan actuar frente a aumentos repentinos de importaciones capaces de dañar la producción y el empleo. Ahora bien, para que el acuerdo no sea un mero intercambio de aceite por manufacturas, Argentina debe resolver primero sus cuellos de botella logísticos y de infraestructura, que son hoy el principal freno a la expansión de la oferta exportable. ¿Por qué no vendemos más Gas Natural Licuado o litio a India? No es por aranceles, sino porque Vaca Muerta necesita puertos de aguas profundas y barcos metaneros que todavía no tenemos, y el litio requiere plantas de procesamiento de carbonato que recién están en construcción. Un TLC con India debería ir de la mano de un tratado de inversiones que atraiga capital indio para desarrollar esa infraestructura energética y minera en el país, generando empleo local antes de exportar. Al mismo tiempo, la estrategia comercial debería virar hacia la búsqueda de nichos de alto valor agregado donde Argentina pueda competir sin necesidad de batallas de volumen. India representa una oportunidad extraordinaria para Argentina, pero el verdadero desafío no consiste únicamente en vender más aceite, minerales o energía, sino en utilizar el acceso a uno de los mercados más grandes del mundo para diversificar exportaciones, generar nuevas capacidades industriales y transformar ventajas naturales en desarrollo económico sostenible. Un tratado de libre comercio puede ser una palanca valiosa, pero lo que determinará su éxito no será el papel firmado, sino la hoja de ruta de largo plazo que lo acompañe: quince años de transición, cláusulas de revisión periódica, infraestructura atada al acuerdo. Sin esa estrategia integral, el “precio” a pagar será la pérdida de empleo y la consolidación de una dependencia exportadora primaria; con ella, en cambio, podremos transformar la espada de Damocles en una verdadera locomotora del desarrollo. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar
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